Times Square y su bola de Nochevieja

Times Square y su bola de Nochevieja

Cada tierra tiene sus tradiciones de Nochevieja, desde las uvas españolas a las lentejas italianas pasando por la bola de Times Square, el último día del año siempre ha sido un momento para celebrar.

En 1.907, The New York Times mandó construir una bola de 320 kilogramos y la colocó en una plataforma en Times Square de tal forma que a las 12 de la noche del día 31 de diciembre pudiese bajar celebrando con ello la llegado de un nuevo año. Desde entonces Times Square se llena de gente festejando esta celebración mundial.

La creación de esta curiosa tradición se remonta al siglo XIX, a casi 100 años antes, cuando un oficial británico obsesionado con la puntualidad creó un invento que ayudaba a que todos los miembros del barco pudieran sincronizar sus relojes cada día. Se trataba de una bola metálica que subía por uno de los postes o mástiles del barco sobre las 12:55 y caía justo a las 13:00 indicando a todos tripulantes la hora exacta. Este artilugio se extendió por todo el mundo, incluso pasando a ser parte de algunos edificios como por ejemplo el observatorio de Greenwich, lugar donde se sitúa el meridiano 0 y se da comienzo a todos los husos horarios del mundo.

No fue hasta 1.907 cuando The New York Times cambió su costumbre de tirar fuegos artificiales en la conocida plaza neoyorquina y creó una nueva forma de festejar basándose en el invento de este oficial inglés. Actualmente se sigue celebrando, para festejar la llegada del año 2.000 se creó especialmente una bola llena de cristales de Swaroski a la que se llamó Waterford’s Millenial Crystal.

Un poco de historia

Times Square recibe su nombre del periódico The New York Times, anteriormente tenía el nombre de Long Acre Square. Fue a comienzos del siglo pasado cuando comenzó a transformase en un centro neurálgico de la Gran Manzana y aunque hoy en día sea uno de los lugares más transitados y visitados de Nueva York, pasó por un periodo de tiempo en el que la delincuencia campaba a sus anchas en esta encrucijada de caminos. A partir de los años 80 y gracias a un proyecto de reconstrucción se consiguió dejar atrás la mala fama del lugar dejando paso a lo que hoy conocemos.

Una ordenanza municipal obliga a los edificios de esta plaza a dejar colocar en sus fachadas carteles luminosos, en ellos podemos ver publicidad de todo tipo y entre ellos se encuentra el anuncio más caro del mundo que puede llegar a costar 4 millones de euros al año. La empresa que se encarga del montaje y mantenimiento de estas estructuras es Artkraft Studios y, desde luego, a la vista está que no le falta trabajo.