Para verte mejor…

Para verte mejor…

A lo largo de la historia la evolución ha permitido al ser humano utilizar instrumentos y herramientas para mejorar la adaptación al medio natural. Con el paso de los años hemos aprendido a vivir en situaciones extremas, a poder cruzar por casi cualquier espacio, surcar los cielos e incluso a ver mejor cuando tenemos problemas en los ojos o cuando envejecemos.

Dicen que la invención de las gafas se encuentra entre uno de los inventos más importantes de la historia y que aunque los primeros cristales para mejorar la vista no surgieran hasta el siglo XIII, desde siglos antes ya se hacía alusión al uso de ciertos elementos que mejoraban la visión. De hecho, la primera referencia al uso de «lentes» está reflejada en un jeroglífico egipcio del siglo V a.C. y el propio Séneca hizo referencia al uso de vasos o globos con agua para ver mejor las letras pequeñas.

Fueron dos monjes franciscanos: Alejandro de la Espina y Roger Bacon quiénes originaron unas lentes que permitían que los monjes más ancianos pudieran continuar sus tareas cuando empezaban a ver peor por la presbicia. Fue durante el siglo XIII, momento en el que Murano, en Italia, se convirtió en la cuna de la creación de lentes para facilitar la visión. A finales de ese siglo, ya se habían creado estructuras que permitían la posibilidad de colocar dos cristales para poder ver a través de dos cristales, se usaba la madera o el hueso y el resultado era algo más parecido a lo que hoy en día utilizamos.

La primera vez que aparece una persona usando estas lentes en un cuadro fue en el año 1.352 y se trataba del Cardenal Hugo de Provenza que fue pintado por Tomás de Módena. Hoy en día esta obra puede verse en San Nicolás de Treviso en Italia. Hay que tener en cuenta que durante estos años las gafas servían para corregir la presbicia, con lentes convexas y para corregir la miopía, con lentes cóncavas.

Ya en el siglo XV, con la invención de la imprenta, las gafas dejaron de ser un instrumento creado simplemente en los monasterios y usadas para estudiosos y empezaron a surgir talleres que las fabricaban. El hecho de aparecer un sistema que facilitaba la copia de libros provocó la necesidad de hacerse con artilugios de este tipo a un mayor número de personas.

Poco a poco las gafas fueron evolucionando y pasaron de ser una estructura de madera con dos lentes a una de plomo con los cristales incrustados. No es hasta el siglo XVIII que aparecen lentes más parecidas a las que usamos hoy en día.