El perfume, una cosa de narices

El perfume, una cosa de narices

El poder de los olores es clave a la hora de sentirnos atraídos por ciertas personas a la vez que es una herramienta sensorial impresionante para ayudarnos a recordar.

Que el olor es uno de los sentidos más evocadores no nos pilla por sorpresa. El olfato está conectado a nuestro cerebro emocional y a nuestra memoria, es más, según estudios realizados en la Universidad de Toronto «los olores que hemos experimentado en nuestras vidas se recrean en nuestra memoria». Esto provoca que en muchas ocasiones seamos capaces de revivir momentos solo con percibir un olor e incluso que nos sea más sencillo memorizar ciertas cuestiones si las asociamos a una fragancia determinada. No es casualidad que el olfato sea el primer sentido que desarrollamos cuando somos bebes, de hecho, los recién nacidos se valen de su nariz para distinguir a su madre e identificarla. Eso sí, los seres humanos tendemos a acostumbrarnos a los olores, muchas veces, dejamos de percibirlos con el tiempo como lo hacíamos el primer día, por ello las empresas dedicadas al perfume están en continua evolución y cambio.

Nuestro cerebro cuenta con 6 millones de células que distinguen entre 10.000 olores distintos, que aunque nos parezcan muchos son infinitamente menores a los que son capaces de diferenciar algunos animales. Sin querer muchas veces otorgamos una gran importancia a los perfumes que nos rodean, de hecho el 90% de los españoles asegura que esto es clave a la hora de sentirte o no atraído por alguien. Pero es que los estudios han desvelado que la afinidad por algunos aromas está determinada por cuestiones bilógicas y no culturales, de forma que los humanos, en general, se sienten atraídos por los olores que se desprenden de la lima, la naranja, el pomelo, la menta o el melocotón.

No es de extrañar que a lo largo de la historia se le haya otorgado gran importancia a las fragancias, en el antiguo Egipto ya se utilizaban los perfumes y hoy en día se utilizan incluso para conseguir vender ciertos productos, ya sea en tiendas de alimentación, en hoteles o tiendas de ropa, el olor permite a los compradores sentirse cómodo y sobre todo recordar el producto.