Desde un agujero en la pared a un gran ventanal

Desde un agujero en la pared a un gran ventanal

Siempre ha habido ventanas, desde tiempo inmemoriales el ser humano ha sido consciente de la necesidad de tener un espacio que dejase entrar la luz y el aire a las construcciones que habitaba. Eso sí, mientras al principio solo eran pequeños agujeros en las paredes que se tapaban con diversos materiales cuando era necesario, hoy en día existen multitud de medios que permiten el paso de la luz y dejan fuera todo lo que no es bienvenido en el hogar.

Ya en la edad de bronce, el ser humano hacía ventanas en sus viviendas. Dado a que en estos años aún no se usaba el vidrio, se utilizaban pieles que se raspaban hasta ser prácticamente trasparentes y conseguir de esta forma dejar pasar la luz del sol e intentar resguardar las casas del frío o el calor. Ya por aquella época, los fenicios descubrieron como hacer vidrio, sin embargo, no fue hasta el siglo XI d. C. cuando se comenzó a dar uso a este material para crear vidrieras en iglesias que se unían con tiras de plomo.

Años después, en el siglo XV, los franceses consiguieron crear vidrios más claros, aún así, la fabricación aún era demasiado costosa como para que las viviendas, aunque fueran de gente de dinero, pudieran permitirse su uso. En aquella época, los más pudientes usaban cuernos de animales reblandecidos para cubrir sus ventanas y los más pobres trapos aceitados. Hay que tener en cuenta que debido a la dificultad para cubrir estos huecos en las paredes, no se hicieran ventanas demasiado grandes, es bastante habitual ver viviendas restauradas que aún mantienen estos tamaños de épocas antiguas.

En el siglo XVII ya se comenzaron a usar los bastidores de madera que permitían la colocación de vidrios en las ventanas y partir de entonces, la madera ha sido un importante aliado para aislar las casas. Hoy en día, la tecnología ha avanzado tanto que existen multitud de fórmulas para cubrir diferentes necesidades.