Boteros desde 1870 o más

Boteros desde 1870 o más

La tradición botera destaca en los lugares donde hay vino, la necesidad de conservar y beber fue lo que hizo que los artesanos comenzaran a dedicarse a este oficio. En Burgos, con más 150 años de historia en este trabajo, la familia Domingo sigue realizando botas de forma tradicional. Jorge y Rocío son ya la cuarta generación dedicada a ello.

La primera referencia que tienen Jorge y Rocío Domingo de boteros en su familia se remonta a 1870, sin embargo, no están seguros de que su bisabuelo fuera el primero dedicado a esta profesión entre sus ancestros. Desde ahí, su abuelo que se casó con una mujer de familia botera y su padre, quien sin querer les fue inoculando el gusto por el oficio sin que ellos mismos pudieran hacer nada para remediarlo. Cuentan que entraron en este mundo sin darse cuenta, ambos, que habían estudiado informática empresarial, estaban intentando buscarse la vida por otros derroteros y sin embargo, las cosas se colocaron hasta dejarlos al frente de Botería Domingo en Burgos, Los D.D.D.

Actualmente Jorge y Rocío realizan el trabajo completo para fabricar una bota de forma artesanal, antes no curtían las pieles, pero desde hace unos años, cuentan con su propia curtiduría en Covarrubias, así que ahora mismo, reciben las pieles de cabra secas y son ellos quienes se encargan de tratarla para poder realizar las botas. Una cosa que poca gente conoce es que para hacer estos recipientes se mantiene el pelo de las pieles y que, además, se coloca por dentro. Eso sí, se esquila para dejarlo cortito, lo suficiente para que la pez, un líquido que se saca de la resina y que le dará la impermeabilidad a la bota, se pueda sujetar bien a las paredes del recipiente.

En la botería cuenta con diferentes patrones que les permiten crear botas con diversas capacidades. Cortar, mojar para darle elasticidad, coser para fruncir y para colocar la trenza de algodón, darle la vuelta, dejar secar y echar la pez. Para terminar, ya solo les quedaría colocar la boquilla y el cordón. Bota hecha. Parece fácil pero no lo es, requiere trabajo y habilidad, sobre todo la segunda, la cual se adquiere con los años.

Jorge y Rocío venden a todo el mundo, de hecho, en la propia botería cuenta con un mapa enorme en el que colocan las fotografías de quienes han viajado con sus botas a través de todo el mundo. Desde Islandia al Gran Cañón del Colorado pasando por lugares tan inhóspitos como la Antártida.

Lo que más les llena es pensar que lo que ellos hacen es valorado por la gente, que muchos comentan a otros conocidos y familiares que si pasan por Burgos se acerquen hasta la Botería Domingo, que es tan obligado como comer morcilla o ver la catedral.