Bimbola Atelier, cuando los colores se convierten en pendientes

Bimbola Atelier, cuando los colores se convierten en pendientes

El nombre de Bimbola Atelier viene de los dos gatitos de Raquel. Rodeada de fucsia, desde Valladolid, esta artista ha sabido plasmar en los complementos un poco de ella misma. Pendientes grandes, atrevidos, con mucho color y mucho significado viajan a lo largo y ancho del mundo para hacer que todo tipo de personas puedan lucirlos con orgullo.

Raquel empezó a hacer pendientes para ella, lo hizo porque le siempre ha tenido una vena artística y le gustaba trabajar con sus manos, pintar, dibujar… en definitiva, crear. Cuando sus amigas comenzaron a decirle que debía comercializarlos se lanzó y poco a poco, como quien no quiere la cosa se encontró vendiendo sus creaciones por todo el mundo. Tiene clientes en España, Europa, América e incluso Australia. Bimbola Atelier vuela a lo largo y ancho del globo con sus complementos totalmente personalizados.

Para crear un par de sus pendientes tarda una media de una semana a quince días y es que cuida al detalle que cada una de sus pequeñas obras salgan del taller perfectas. Sabe que no puede comparar su proceso de trabajo con el de una gran empresa que produce en cadena, para ello emplea su tiempo en que cada uno de sus pendientes sea único, un regalo que hace a quiénes se lo piden. Raquel no ve Bimbola Atelier como una marca, para ella es más bien una comunidad, le gusta tener relación con cada una de las personas que adquieren sus complementos, se emociona sabiendo lo que sienten cuando lo reciben y prepara los paquetes como si fueran un pedacito de ella misma, incluso añade un poquito de su perfume.

Su inspiración llega de cualquier parte. Paseando por la calle puede encontrar qué hacer en cada esquina, desde una señal de tráfico a una bolsa de patatas, Raquel está continuamente creando, dice que todo le estimula y que cuanto más cosas hace más se estimula y más se retroalimenta.

Raquel mira al futuro con ganas de seguir creciendo, e incluso poder contratar a otras personas que puedan ayudarle a realizar este trabajo, eso sí, siempre cuidando que el proceso continúe siendo artesanal y que se pueda mantener una relación de proximidad con quiénes compran sus productos.