Arte urbano, aerografía

Arte urbano, aerografía

Nano es muralista, con su aerógrafo es capaz de crear murales que den vida a cualquier pared. El arte para él no es solo una profesión, es también pasión, disfrutar de lo que hace cada día.

Cuando tenía unos 15 años, Nano Lázaro, descubrió que existía un instrumento con el que podía hacer trazos de una forma muy precisa. El aparato se llamaba aerógrafo y por aquellos tiempos, el uso de internet para obtener información no estaba tan extendido como ahora, por lo que no fue hasta años después que pudo conseguir uno y de forma autodidacta aprender a usarlo. Primero con la técnica del «ensayo-error» y ya bien entrado el nuevo siglo con la ayuda de un foro de aerografía en el que varios artistas exponían sus dudas a la hora de pintar con este artilugio.

Nano cuenta que desde el primer momento, poder disparar pintura pulverizada, con un trazo tan preciso, le pareció magia y que en sus primeros intentos pasaba más tiempo limpiando la herramienta que pintando, «o eres un poco persistente o lo dejas olvidado en un cajón». Sin embargo, la insistencia de este artista afincado en Valladolid le llevó a utilizar esta herramienta como parte principal de su trabajo, lo cual le ha llevado a diseñar y pintar diferentes murales por distintos puntos del mapa.

Según Nano Lázaro, se puede vivir del arte «y puede ser rentable», eso sí, siempre con mucho trabajo y siendo consciente de que en las escuelas artísticas deben formar a sus alumnos en el autoempleo, ya que las salidas para sus estudiantes pasan normalmente por convertirse en su propio jefe. Además, este profesional de la aerografía reivindica que la educación primaria en el arte cada vez es más escasa y sin embargo el consumo de este se demanda cada día más.